El peligro del «siempre se ha hecho así»: inercia y talento invisible en la obra

La construcción es un sector en el que la experiencia tiene un valor enorme. Quien lleva años trabajando en una obra ha visto muchos problemas, conoce los oficios y sabe cómo resolver situaciones que no aparecen en ningún manual.

Pero la experiencia tiene también una cara menos positiva.

Cuando una forma de trabajar se mantiene simplemente porque «siempre se ha hecho así», dejamos de preguntarnos si existe una manera mejor de hacer las cosas.

Y ahí empieza un problema que puede pasar desapercibido durante años: la empresa se acostumbra a convivir con pérdidas de tiempo, errores, esperas y problemas que podrían evitarse.

No se trata de cambiar todo lo que hacemos. Se trata de aprender a distinguir entre aquello que funciona y aquello que seguimos haciendo únicamente por costumbre.

Inercia y talento invisible en una obra de construcción: del «siempre se ha hecho así» a la mejora continua.

Cuando la experiencia se convierte en inercia

En una obra es normal escuchar frases como:

«Llevamos toda la vida haciéndolo así y nunca ha pasado nada.»

Puede que sea cierto.

Pero que algo haya funcionado hasta ahora no significa necesariamente que sea la mejor forma de hacerlo.

Los materiales cambian, las herramientas evolucionan, los clientes tienen otras expectativas y los márgenes de las obras son cada vez más ajustados.

Una forma de trabajar que era razonable hace veinte años puede estar generando hoy desplazamientos innecesarios, esperas, sobreesfuerzos o problemas de coordinación.

El verdadero riesgo no está en mantener un método conocido.

Está en dejar de cuestionarlo.

El coste de no cuestionar las cosas

La inercia rara vez aparece en la contabilidad de la empresa como una partida concreta.

No existe una factura que diga «coste de seguir haciendo las cosas como siempre».

Sin embargo, puede estar presente en muchos pequeños problemas cotidianos:

  • Un material que se mueve varias veces antes de utilizarse.
  • Un oficial que espera porque el tajo anterior no está terminado.
  • Una cuadrilla que llega a una obra y descubre que falta material.
  • Una herramienta que obliga a realizar una tarea de una manera más lenta.
  • Un trabajo que se repite porque no se comprobó correctamente la primera vez.
  • Una decisión que se retrasa porque nadie quiere asumir un cambio.
  • Un problema conocido que vuelve a aparecer en la siguiente obra.

Cada uno puede parecer poco importante.

Pero cuando se repiten durante meses y en diferentes obras, el coste acumulado puede ser considerable.

El talento que tenemos delante y no estamos aprovechando

Aquí aparece una de las grandes oportunidades de una pequeña empresa.

El conocimiento necesario para mejorar muchas veces ya está dentro de la obra.

Está en el oficial que ha encontrado una forma más sencilla de ejecutar una partida.

Está en el encargado que sabe dónde se producen habitualmente los retrasos.

Está en el subcontratista que lleva años detectando los mismos problemas de coordinación.

Y está también en ese trabajador que quizá no tenga un cargo de responsabilidad, pero que cada día está viendo cómo se ejecuta realmente el trabajo.

Ese conocimiento puede pasar completamente desapercibido si nadie pregunta.

Escuchar al que ejecuta

Quien está realizando una tarea puede detectar un problema mucho antes de que aparezca en una planificación o en un informe.

Una pregunta tan sencilla como:

«¿Qué cambiarías de esta forma de trabajar?»

puede descubrir una mejora que desde la oficina nunca habíamos visto.

Escuchar no significa aceptar automáticamente todas las propuestas.

Significa dar la oportunidad de que esas propuestas existan.

Mejorar no significa despreciar la experiencia

Este punto es importante.

Cuestionar una forma de trabajar no significa decir que quienes nos enseñaron a trabajar lo hicieron mal.

Tampoco significa que todo lo nuevo sea mejor.

La experiencia sigue siendo fundamental.

Lo que debemos evitar es convertirla en una barrera frente a cualquier cambio.

Una buena cultura de mejora debería permitir decir:

«Esto lleva muchos años funcionando. ¿Podemos hacerlo todavía mejor?»

Esa pregunta es mucho más útil que:

«¿Por qué vamos a cambiarlo si siempre lo hemos hecho así?»

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la actitud del equipo.

Del «siempre se ha hecho así» al «vamos a probarlo»

No todos los cambios necesitan convertirse en grandes proyectos.

En una pequeña empresa podemos empezar de una forma mucho más sencilla.

Detectamos un problema concreto.

Por ejemplo:

Cada vez que tenemos que realizar una determinada partida perdemos tiempo preparando materiales y desplazándolos varias veces.

En lugar de asumir que forma parte del trabajo, podemos preguntarnos:

  • ¿Por qué ocurre?
  • ¿Cuántas veces movemos el material?
  • ¿Podemos prepararlo de otra manera?
  • ¿Podemos cambiar el orden de las tareas?
  • ¿Qué opina el oficial que realiza habitualmente esa partida?
  • ¿Podemos probar una alternativa en la siguiente obra?

No hace falta crear un procedimiento de veinte páginas.

Probamos, observamos el resultado y decidimos.

Si funciona, lo incorporamos a nuestra forma de trabajar.

Si no funciona, aprendemos y buscamos otra solución.

El papel del Lean Construction

Esta forma de pensar está directamente relacionada con la filosofía de Lean Construction.

Lean no consiste en cambiar por cambiar ni en introducir herramientas porque estén de moda.

Consiste en identificar aquello que genera pérdidas, entender por qué ocurre y buscar una forma mejor de trabajar.

Y para conseguirlo necesitamos algo que ninguna herramienta puede sustituir: la participación de las personas que conocen el trabajo.

Por eso Lean concede tanta importancia a la mejora continua y a la colaboración.

El objetivo no es que una persona tenga todas las respuestas.

El objetivo es conseguir que el conocimiento de todo el equipo contribuya a mejorar la obra.

Cinco preguntas para empezar a romper la inercia

No necesitas transformar tu empresa de un día para otro.

Puedes empezar haciendo estas cinco preguntas al terminar una obra o una partida:

  1. ¿Dónde hemos perdido más tiempo?
  2. ¿Qué problema se ha repetido?
  3. ¿Qué trabajo hemos tenido que repetir?
  4. ¿Qué nos ha dificultado hacer bien nuestro trabajo?
  5. ¿Qué podríamos hacer diferente en la próxima obra?

Las respuestas pueden ser muy sencillas.

Pero si empezamos a registrarlas y, sobre todo, a actuar sobre ellas, estaremos creando una cultura de mejora.

La mejora empieza cuando alguien se atreve a preguntar

El «siempre se ha hecho así» no desaparece imponiendo una nueva forma de trabajar.

Desaparece cuando la empresa empieza a crear un entorno en el que cuestionar una forma de hacer las cosas no se considera una amenaza.

Cuando un oficial puede proponer una mejora.

Cuando un encargado puede reconocer que algo no ha funcionado.

Cuando un jefe de obra escucha una propuesta antes de descartarla.

Y cuando una pequeña mejora que funciona en una obra se convierte en una nueva forma de trabajar en las siguientes.

Ahí es donde la experiencia deja de ser una barrera y se convierte en una ventaja.

Conclusión: conservar lo que funciona y mejorar lo que puede mejorar

La experiencia es uno de los mayores activos de una empresa de construcción.

Pero la experiencia no debería decirnos únicamente cómo hemos hecho las cosas hasta ahora.

También debería ayudarnos a decidir cómo podemos hacerlas mejor mañana.

Romper con el «siempre se ha hecho así» no significa rechazar la tradición ni cambiar todo lo que funciona.

Significa tener la suficiente humildad para reconocer que siempre puede existir una forma más sencilla, segura, rápida o eficiente de hacer un trabajo.

Y muchas veces la persona que conoce esa forma está mucho más cerca de lo que pensamos.

Está en el tajo.

La mejora continua comienza cuando dejamos de preguntar «¿por qué cambiar?» y empezamos a preguntar «¿cómo podríamos hacerlo mejor?».