En una reforma, poner fechas a los trabajos es relativamente sencillo. Lo complicado llega cuando intentamos que los gremios avancen por la vivienda sin que uno tenga que esperar a otro o que una actividad termine bloqueando las siguientes.
Podemos tener las zonas bien definidas y conocer los trabajos que hay que ejecutar. Pero todavía nos falta una decisión importante: ¿cada cuánto tiempo queremos que el trabajo avance de una zona a otra?
En el artículo anterior vimos cómo dividir una obra en zonas para aplicar Takt Planning. Ahora vamos a trabajar con esas zonas para entender el concepto de Takt Time y proponer un ritmo de avance que tenga sentido en una obra real.
Qué es el Takt Time y qué significa en una obra
Takt es una palabra alemana relacionada con el ritmo o la cadencia. En construcción, el Takt Time representa el intervalo de tiempo que establecemos para que el trabajo avance de una zona a la siguiente, siguiendo una secuencia organizada.
Imagina que hemos dividido una vivienda en cuatro zonas y queremos organizar el paso de las cuadrillas entre ellas. Si establecemos un Takt de cinco días, estamos planteando que el trabajo avance de una zona a otra con intervalos de cinco días.
Eso no significa que todos los oficios tengan que trabajar cinco días exactos en cada zona. Significa que ese es el ritmo de referencia que queremos que mantenga el sistema.
Esta diferencia es fundamental: la duración de una actividad y el Takt Time no son lo mismo.
Duración de un trabajo y Takt Time: dos conceptos distintos
Supongamos que una cuadrilla de albañilería necesita tres días para completar los trabajos que tiene asignados en una zona. Esos tres días son la duración estimada de su paquete de trabajo.
Ahora imaginemos que queremos organizar el avance de la obra con un Takt de cinco días.
La cuadrilla tendría que completar su trabajo dentro de ese intervalo para poder dejar paso al siguiente oficio y avanzar según la secuencia prevista.
Pero no todas las actividades tienen la misma duración. Un electricista puede necesitar más tiempo que el albañil; el pintor puede requerir menos. Lo importante es comprobar si los trabajos que hemos asignado a cada cuadrilla encajan en el ritmo que queremos mantener.
El Takt Time marca el intervalo de avance que queremos conseguir. La duración de cada paquete nos dice cuánto trabajo necesita ejecutar una cuadrilla. Si ambas cosas no encajan, tenemos que revisar la planificación.
Cómo proponer un primer ritmo de trabajo
Una vez definidas las zonas, necesitamos una primera referencia para estudiar el ritmo de avance. Podemos empezar por el plazo disponible para la fase que queremos organizar y el número de zonas por las que debe avanzar el trabajo.
Como aproximación inicial, podemos utilizar esta relación:
Intervalo de referencia = Tiempo disponible ÷ Número de zonas
Por ejemplo, imaginemos que tenemos una fase de veinte días laborables y cuatro zonas por las que queremos organizar el avance.
20 días ÷ 4 zonas = 5 días por zona
Los cinco días nos dan una primera referencia para estudiar la secuencia. Podemos plantear que los trabajos avancen de una zona a otra con ese intervalo.
Pero atención: este cálculo no demuestra que tengamos un Takt viable. Es una aproximación inicial basada en el plazo y las zonas. Todavía debemos comprobar las cargas de trabajo, los recursos disponibles, las dependencias y las condiciones reales de ejecución.
Dividir el plazo entre las zonas y dar por cerrado el Takt es quedarse a medias. Si una cuadrilla necesita más tiempo del disponible para completar su trabajo, el calendario no va a solucionar el problema. El ritmo debe contrastarse con la capacidad real de ejecución.
Cómo comprobar si el ritmo es viable
Ahora viene el trabajo importante. Tenemos una primera propuesta de cinco días por zona, pero necesitamos saber si los gremios pueden cumplirla.
Para hacerlo, volvemos al presupuesto y a las mediciones. Tenemos que identificar qué trabajos se ejecutan en cada zona y estimar los recursos y el tiempo que necesitan.
Por ejemplo, si en una zona tenemos 30 m² de alicatado, no basta con conocer la superficie. Debemos valorar el rendimiento de la cuadrilla teniendo en cuenta el formato de las piezas, la preparación del soporte, los cortes, los encuentros y las condiciones de acceso.
También debemos revisar las instalaciones, los trabajos de albañilería, los revestimientos y el resto de actividades que forman parte del alcance de esa zona.
Dos zonas con los mismos metros cuadrados pueden necesitar esfuerzos muy diferentes. Por eso no podemos establecer el ritmo mirando únicamente la superficie.
La comprobación debe hacerse oficio por oficio y zona por zona. Así podremos detectar dónde se acumula más trabajo y qué actividades pueden comprometer el ritmo previsto.
Un ejemplo: cuando un gremio no cabe en el ritmo
Vamos a mantener el ejemplo de una reforma con cuatro zonas y una primera propuesta de cinco días por zona.
Después de revisar las mediciones y estimar el trabajo de cada cuadrilla, obtenemos estos tiempos orientativos:
- Albañilería: 3 días por zona.
- Fontanería: 4 días por zona.
- Electricidad: 8 días por zona.
El primer planteamiento parece razonable para albañilería y fontanería. Sin embargo, la instalación eléctrica necesita ocho días, tres más de los que contempla nuestro intervalo de referencia.
Tenemos un desajuste. Si mantenemos el plan sin modificar nada, la cuadrilla eléctrica no llegará a tiempo y puede bloquear la entrada de los siguientes trabajos.
Y aquí es donde debemos evitar un error muy habitual en obra: presionar al gremio para que termine en cinco días sin haber cambiado las condiciones de ejecución.
Antes de tomar decisiones, debemos comprobar qué está provocando esa diferencia. Puede que hayamos agrupado demasiados trabajos en una zona, que la estimación sea incorrecta o que los recursos previstos no sean suficientes.
También puede que la secuencia de trabajos necesite revisarse.
De momento, lo importante es haber detectado el problema antes de poner en marcha el plan.
El Takt no consiste en obligar a todos a trabajar igual
Un error frecuente al empezar es interpretar que todas las cuadrillas tienen que permanecer exactamente el mismo tiempo en cada zona.
No es así. Los trabajos tienen cargas diferentes y no todos los oficios necesitan el mismo esfuerzo.
Lo que buscamos es que puedan integrarse en una secuencia común sin que las diferencias de duración provoquen esperas continuas o bloqueos.
Por eso, el ritmo no se puede imponer de forma aislada. Hay que estudiarlo junto con las zonas, los paquetes de trabajo, los recursos y las dependencias entre actividades.
Un buen plan no obliga a la obra a adaptarse a una cifra. Ajusta la organización para que el ritmo propuesto sea ejecutable.
El trabajo también tiene que estar preparado
Podemos haber propuesto un ritmo razonable y comprobar que las cargas de trabajo encajan. Pero eso no garantiza que la cuadrilla pueda empezar cuando está previsto.
Si falta material, una decisión del cliente está pendiente o un trabajo previo no se ha terminado, la zona no estará preparada para recibir al siguiente oficio.
Por eso Takt debe trabajar junto con los procesos que ya conocemos del Last Planner System.
- El Lookahead nos ayuda a anticipar lo que viene.
- La gestión de restricciones permite identificar qué impide ejecutar un trabajo.
- El Plan Semanal convierte el trabajo preparado en compromisos concretos.
- El PPC nos permite comprobar qué compromisos se han cumplido.
El Takt nos aporta una referencia para organizar el avance, pero necesita que el trabajo esté preparado y que los compromisos sean realistas.
Qué debemos tener claro antes de construir el plan
Al terminar este paso no necesitamos tener resuelto todo el sistema. Necesitamos disponer de una base que podamos trabajar con el encargado y los gremios.
Deberíamos tener identificados:
- El plazo disponible para la fase que queremos organizar.
- Las zonas por las que debe avanzar el trabajo.
- Una primera propuesta de intervalo de avance.
- Los trabajos y las cargas estimadas de cada gremio en cada zona.
- Los desajustes entre la duración de los trabajos y el ritmo propuesto.
- Las restricciones que pueden impedir cumplir la secuencia.
Con esta información ya podemos empezar a construir un plan más completo. El siguiente reto será organizar los paquetes de trabajo, revisar las cargas y diseñar una secuencia que permita que los gremios avancen sin bloquearse.
La idea que debemos llevarnos
El Takt Time es el intervalo de avance que queremos mantener entre zonas. Podemos utilizar el plazo y el número de zonas para obtener una primera referencia, pero eso no basta para saber si el ritmo es viable.
Hay que contrastarlo con el esfuerzo real de cada gremio, los recursos disponibles y las condiciones de ejecución. Si los trabajos no encajan, no sirve de nada apretar a las cuadrillas: tenemos que revisar cómo hemos organizado la producción.
El siguiente paso: construir el plan Takt
Ya tenemos las zonas y una primera propuesta de ritmo. Ahora toca unir todas las piezas: definir los paquetes de trabajo, revisar las cargas, ordenar la secuencia y comprobar cómo pueden avanzar los gremios. En el siguiente artículo veremos cómo implantar Takt Planning en una obra paso a paso.
Escrito por A.G. Láinez, 42 años a pie de obra.
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